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Crónicas del Maratón de la Ciudad de México – Primer maratón: Voluntad de acero

Maratón de la Ciudad de México 2013
Por: Corre Boldo Corre

 ANTECEDENTES. Quizá está demás contar este periodo pero es el origen del por qué he llegado hasta este punto. Procedo de una familia con historial de sobrepeso y a lo largo de mi vida he aprendido a sobrellevarlo; a principios del 2012, contando con 30 años y 120 kilos de peso para una persona que mide 1.80 cm, sobrevino el indicio de preocupación, en un día normal amanecí con el brazo izquierdo adormecido, situación que continúo hasta las 17:00 horas. Mi esposa y yo decidimos tomar cartas en el asunto y acudir con una especialista en nutrición, en menos de tres meses logré bajar 25 kilos sin ningún tipo de ejercicio. Después vino la iniciativa de volver a correr, digo volver porque en la secundaria, preparatoria y universidad corría para sobrellevar mi situación de sobrepeso, llegaron los compromisos, la familia y el trabajo, nunca más volví a correr.

COMPROMISO. Mi esposa y sus dos hermanas más pequeñas siempre han sido corredoras asiduas y han participado en muchas carreras desde su educación universitaria, por ese motivo decidí activarme y comprometerme junto con ellas en beneficio de mi salud, para que este cuerpo aguante lo más que pueda mientras crece mi hijo, no quiero que sea un niño sin padre por culpa de la indiferencia hacia mi salud.

Comencé corriendo carreras de 5k y 10k, hasta toparme con la propuesta de correr el Sexto Medio Maratón de la Ciudad de México, la cual se celebraría en septiembre. Nos inscribimos todos (mi esposa, mis dos cuñadas y yo), aunque mis cuñadas correrían el Maratón; un par de semanas antes de la gran carrera, una de mis cuñadas sufre un percance automovilístico y decide no participar. Armándome de valor me ofrezco para intentar correr el Maratón junto con mi cuñada.

OBSTÁCULO. Llega el día esperado para conmemorar el “Primer Maratón”, mi cuñada lo terminó sin problema alguno, una nueva maratonista; yo logré terminar el Medio Maratón en un tiempo acorde, sin embargo al querer embarcarme para intentar hacer el Maratón, mis pies no pudieron realizar tal hazaña, después me enteraría que los tenis con que corrí “no eran los adecuados”, terminé con ampollas en la parte del metatarso o inicio de las falanges de la planta en ambos pies, aunado a ello perdí la uña del cuarto dedo del pie derecho, no pude continuar, el dolor era insoportable. Fue una derrota tremenda y decidí que el próximo año me cobraría la revancha.

PREPARACIÓN. Continúe embarcándome en carreras de 5k y 10k, empecé a entrenarme desde mayo de este año con la finalidad de tener una buena participación en el MCM 2013, hice dos medios maratones previos; sin embargo, en el mes de junio comencé con los síntomas característicos de la llamada “Fascitis Plantar”, leí que su tratamiento es largo y relativamente doloroso, omití la lesión y decidí continuar con mi objetivo.

LA GRAN PROEZA. Llegó el día tan esperado, nuevamente correríamos todos en sus respectivas metas, mi esposa graduándose en su tercer medio maratón, mi cuñada en su segundo maratón, mi otra cuñada y yo en nuestro primer maratón, había olvidado mi celular.

Con un excelente clima nublado y fresco se da el disparo de salida a las 07:15 horas para la rama varonil, mi meta era culminarlo en 04:15 a 04:30 horas, aunque me preparé física y mentalmente para ello no lograba mitigar el nerviosismo de enfrentarme a un reto mayor.

Llegaron los primeros 5k, los 10k y consumo mis primeras gomitas de carbohidratos, e inesperadamente en el km 13 empecé a sentir cosquilleos en las piernas y después en los miembros superiores, estaba sorprendido, durante cerca del año y medio que llevo corriendo no me había sucedido algo similar ni en los medios maratones, hice caso omiso y me concentré en relajar el cuerpo, no fue suficiente, después de pasar el Museo Soumaya llegó el km 15 y los primeros calambres en las pantorrillas, tuve que reducir el ritmo de carrera para evitar que los mismos me hicieran parar, pero a partir de ahí y cada kilómetro, las “molestias” en las pantorrillas me obligaban a parar y realizar estiramientos para mitigar el dolor.

Logré llegar a la distancia del Medio Maratón en 02:14:20 según el reloj de la ruta, después todo fue un calvario, aunado a los calambres de las pantorrillas que hacían que caminara de “puntitas” al no poder flexionar el tobillo para bajar el talón, sobrevinieron los calambres en los bíceps (parte posterior de la pierna), tenía que parar, no podía creer que intentaba correr y no lograba dar más de cinco pasos para recibir otra descarga de espasmos, tuve que caminar y hacer caminata hasta el km 28 donde finalmente las convulsiones musculares hicieron que esta mole de 95 kilos se sentara y los voluntarios de la ruta me brindaran apoyo.

Pidieron una unidad médica que nunca llegó, al ver mi cara de sufrimiento uno de los elementos de seguridad pública comentó junto con los voluntarios, que mejor esperara y descansara hasta que llegara “la barredora”, situación que no me agrado mucho (ya habían pasado cerca de 10 min), por lo que me restablecí y decidí caminar de manera fuerte sin levantar las rodillas, trataron de disuadirme de que abandonara la carrera por mi salud, contesté: Ustedes no saben lo que es una promesa para un niño de 3 años verdad? Tengo que ir por esa medalla, no puedo llegar a casa con otra derrota y mucho menos con las manos vacías, no puedo.

A partir de ahí, me enfoqué a realizar caminata y semi trote para evadir las palabras que me dejaron consternado, “la barredora”, no asimilaba que era de las últimas personas en la ruta del maratón, me empezó a invadir la frustración, la impotencia de no lograr que mi cuerpo se restableciera para competir, que el tiempo que le dediqué al entrenamiento no estuviera funcionando, me estaba desesperando.

Intentaba acelerar y las contracciones musculares llegaban de nuevo, entre el km 29 y 31, en la colonia Condesa, detrás de mí venían 3 moto patrullas del ERUM, 2 más de seguridad pública, una ambulancia y si mi vista no me fallaba, un camión de RTP, por la frecuencia operativa de la SSP-DF transmitían que estábamos a punto de llegar al cruce de Insurgentes sobre Nuevo León y que con ellos venía “la barredora”, nuevamente esa palabra en mi mente y unos cuantos corredores acompañándome, varias ocasiones estuve a punto de pedir a los compañeros del ERUM que hasta aquí había llegado su servidor, pero me invadía la imagen de mi hijo sin su medalla y mi esposa esperándome al final, fueron mi luz en las partes más oscuras del camino.

Al llegar al cruce con Insurgentes y  el Viaducto Miguel Alemán, me rebasa un corredor de jersey naranja y diciendo a todo pulmón: ¡No corrimos hasta aquí para que nos recoja la barredora, animo!, en mi interior le contesté: ¡Ni ma…., a mí tampoco! (estoy seguro que fue un ángel porque después no lo volví a ver). Haciendo acopio de fuerzas y voluntad, aceleré un poco el paso, fui encontrando voluntarios que gritaban mi nombre: ¡Vamos Pedro! ¡Ya falta poco! ¡Tú puedes!, era extraño escuchar tu nombre de alguien que no conoces pero que sin embargo estaba ahí para apoyarme, más voluntarios con plátanos, naranjas, agua, bolsitas de refresco, no saben cómo agradecí esa ayuda fortuita.

Cerca del kilómetro 35, con más ánimos y fuerzas de flaqueza empecé a trotar, pero con tanta inmundicia en mi cabeza dado mi estado de ánimo, había olvidado un detalle, la altimetría, casi había sobrepasado los dolores más grotescos que haya experimentado en esta vida, cuando aparecieron los calambres en los tríceps de la pantorrilla, un segundo después, calambres en los bíceps de la pierna y… un segundo después, calambres en los cuádriceps de las piernas, sentí como la mitad de mi cuerpo se colapsaba, parecía un muñeco de GI JOE, con las piernas rígidas y lo demás articulable, lloré de dolor, impotencia, frustración, desesperación, angustia, de tristeza, las plantas de los pies estaban pegadas al asfalto, piernas rígidas y el torso colgando al intentar estirarme y evitar los espasmos musculares, solo faltaba que colapsara, no había otro camino.

Apareció de nuevo esa luz, una promesa es una promesa y no pensaba romperla estando ya tan cerca de la meta, ¡solo faltaban 7 kilómetros! Llegué a pensar que todo lo que hice mal lo estaba pagando y con creces; levanté el dorso y con las piernas rígidas empecé a caminar, lo estaba pasando muy mal, poco a poco empezaron a ceder las convulsiones musculares, sin embargo, los de los cuádriceps no, cada que “levantaba” las rodillas para dar el paso venían los calambres, en definitiva era la subida de la Avenida de los Insurgentes.

¡…ches calambres de mier..!, era la única frase que repetía como si fuera un mantra desde el km 35, 36, 37 ya aparecía la gente que venía de regreso con una megamedallota por haber terminado, tengo que llegar, tengo que llegar, paraba para dejar que el musculo descansara, ya perdí la cuenta de cuantos calambres me han dado…, km 38, 39, … volví a parar ¡…ches calambres de mier..!, los calambres en los cuádriceps no dejaban de aparecer, ya era menos la distancia, km 40, 41… , no, no otra vez, las pantorrilla izquierda se elevaba nuevamente y empezaba a caminar de puntita, ya no pude avanzar y toda la gente que venía de regreso triunfante diciendo: ¡Vamos Pedro! ¡Tú puedes! se consternaba al ver mi imagen con la cara desgarrada de dolor, una señora (bendita) que estaba sentada junto con su esposo que ya había terminado su carrera decía: ¡Párate viejo, ayúdalo que no vez que está sufriendo!

Me agarró el brazo izquierdo y gritó ¡Un médico! ¡Un médico! Llega otro muchacho igual de pelón que yo y me sostiene mi brazo derecho. ¡Apriétame fuerte si es necesario! Lo miro y le agradezco con la mirada. Llega el segundo calambre pero ahora en la pantorrilla izquierda, ya no aguanto más y grito ¡Es suficiente! ¡Ya no puedo, es demasiado el dolor! ¡No sé cómo es que he aguantado hasta aquí! Siento que desfallezco, náuseas, lágrimas y aprieto los dientes. Sigo parado de puntas y no logro bajar los talones. De repente, al mirar el suelo reconozco dos pares de tenis: ¿Estás bien? ¡Relájate! ¡Falta poco!, eran mis cuñadas (segundo y tercer ángel), llega una pareja de blanco (cuarto y quinto ángel) y siento el spray en las pantorrillas, me empiezan a masajear y no surte efecto.

Pasan un par de minutos, de repente bajan los talones, el dolor y las náuseas se van, me indican que hasta aquí, que descanse, que ya no es necesario seguir forzando mi cuerpo. Mi cuñada y recién graduada en maratón: ¡Yo te acompaño hasta la meta! ¡Ya falta poco! ¡Camina! ¡Ahí van tus papás! Todo esto mientras intento caminar hacia el km 42, un muchacho grita: ¡No pudo contigo! ¡Termina! Seguridad UNAM no deja pasar a mi cuñada, sigo solo, entro al túnel, lloro, aparece la imagen mental de mi hijo y le digo: ¡Lo logré! ¡Estoy aquí por ti y voy a cumplir tu promesa!; antes de subir la última rampa tomo aire y comienzo a trotar, me sentía imparable al llegar a la meta con 06:26:47. Después de cruzar aún me seguía diciendo ¡No puedo creerlo! ¡Lo logré! Pelé contra el Maratón y conmigo mismo, he derrotado al respetable Maratón y he derrotado a mi némesis! He logrado algo increíble, le gané a la parte más jodida de mí mismo.

Rehidratación, kit de recuperación y la grandiosa medalla con la letra “M”, la playera de finisher (que buen gesto del GDF), pero buscaba algo que me preocupaba: ¡Mi esposa! ¿Me habrá esperado? Ella tenía que trabajar después, ahí estaba, el paraíso con el ángel más hermoso que haya visto. Traté de acelerar el paso, la abracé y le dije ¡Te Amo!, me esperaste hasta el final y no te fuiste, llegué para agradecerte esa larga espera, estoy infinitamente agradecido. Soy maratonista y finalmente mis padres lo comprobaron.

Foto: RunMX

9 COMMENTARIOS

  1. Woooow los que corremos y hemos pasado por esos Momentos tan difíciles y esos calambres sabemos de que hablas, pero tu voluntad y tu tenacidad te permitieron cruzar la meta, no pude evitar las lágrimas me refleje en ti en mi medio maratón , felicidades eres grande y claro que eres maratonista bravo

  2. Woowwww como no llorar con tu proeza y tus ganas de ser maratonista, mil felicidades super emotiva tu gran historia y por supuesto de aprendizaje….. nos vemos en el 2014 Pedro!!!!!!

  3. Woowwww como no llorar con tu proeza y tus ganas de ser maratonista, mil felicidades super emotiva tu gran historia y por supuesto de aprendizaje….. nos vemos en el 2014 Pedro!!!!!!

  4. Me hiciste llorar de emoción… Siempre en mente tu promesa, tu hijo y vencerte a ti mismo…
    Felicidades Pedro, sin duda hoy tu vida y el proyecto que tienes para vivirla te hacen un mejor ser humano.

  5. Me volviste a emocionar y recordar lo que fisicamente pasamos porque relamente me transporte al momento de parar y no terminar la competencia, pero ese coraje que te da de toda la preparacion que tuviste los sacrfificios de terminar con un mejor tiempo no tienen comparacion cuando cruzas la meta ya no me importaba el tiempo me importaba terminar y termine llorando con muchas emociones y sentimientos encontrados muy dentro de mi que se reflejaban emocionalmente fue un coraje por estar tan lejos y tan cerca del estadio.
    pero te voy a decir algo a mi me dio mucho coraje ver a tanta gente como la fresca mañana haber terminado un maraton segun ellos o ellas sin huella del esfuerzo hecho en el transcurso del recorrido y el solo pararse en la meta para recibir la medalla que nunca les costo sudor, lagrimas, dolores y algo mas tu me entenderas que engaño para ellos mismos y para sus familiares pero son cosas que nunca faltan, felicidades y nos vemos en el maraton 2014

  6. Que padre experiencia… Muy fuerte tu crónica casi lloro solo que me aguante, en hora buena amigo ya me veré algún día cuando corra mi primer maratón.

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